PSICOLOGÍA

¿Para qué la terapia? Ante esas experiencias que conllevan un impacto emocional y que nos pueden hacer entrar en conflicto con nosotros mismos y con los de alrededor, brindamos el apoyo necesario para recoger y restaurar ese sistema en continuo cambio, donde el fracaso no se entiende como un obstáculo, sino como una nueva oportunidad.

esquina psicologia

TERAPIA INDIVIDUAL

Para nosotros es importante acoger las diferentes dificultades de cada persona respetando la individualidad que le caracteriza, para poder crear así sus propias estrategias pero sin olvidarse del contexto y las relaciones con los sistemas cercanos.

TERAPIA DE PAREJA

Ayuda a los miembros de la pareja a superar obstáculos, a mejorar la comunicación y a crear alianza y respeto en favor de la relación. Para alejarse del mito de “las medias naranjas” y comenzar una unión entre totalidades únicas en constante intercambio (persona + persona = relación).

TERAPIA FAMILIAR

Entendemos la familia como un grupo de personas individuales en interacción, influyéndose unos a otros en un continuum, en el que el cambio de uno de los miembros provoca cambios en los demás.

IDOIA

IDOIA

PSICÓLOGA DEL CENTRO

¿Para qué la terapia?

Ante esas experiencias que conllevan un impacto emocional y que nos pueden hacer entrar en conflicto con nosotros mismos y con los de alrededor, brindamos el apoyo necesario para recoger y restaurar ese sistema en continuo cambio, donde el fracaso no se entiende como un obstáculo, sino como una nueva oportunidad.

COmpartiendo VIDas

Ten cuidado con lo que deseas que quizás se cumpla

Hora tras hora y día tras día. Con los precedentes individuales, el impacto invisible de la situación actual  y su influencia es posible encontrarnos últimamente “torpes”, asustados y con alteraciones anímicas (tanto por su exceso como por su ausencia). Creo que será parte del todo vivir con sensaciones, pensamientos y  comportamientos nuevos dónde, con muchos de ellos, no nos sintamos identificados… Esto forma parte de un proceso natural de adaptación, un vaivén emocional, hacia aquello que no hemos visto venir y para lo que no estábamos prevenidos. Incluso hemos pasado de hablar o gritar al televisor (algo muy habitual hasta ahora) a hacerlo y mantener largos debates y arreglar el mundo con la aspiradora; lo llamativo podría ser cuando esta conversación la tenemos con el espejo… y, por supuesto, con la persona que refleja. Qué ironía, o ¿no?

Ante esto, cada uno de nosotros hemos tenido que poner en marcha y activar nuestras propias estrategias para aceptar y hacer frente a distintas situaciones excepcionales, hábitos, roles, espacio, intimidad… Nos hemos visto invadidos por aquello que considerábamos aliados, como pensamientos, personas o imposiciones sociales… También, al mismo tiempo, no es tarea fácil poder vivirlo como una oportunidad (muchos y muchas desde una motivación intrínseca y muchos y muchas otras desde una motivación social externa) para re-construir y re-enfocar la relación con uno mismo y con el entorno…

Sin embargo, no es sencillo y requiere esfuerzo. Girar la perspectiva quizás cueste, pero, probablemente, pueda ser más liviano mediante rituales de despedida y/o bienvenida. Son días acumulando sensaciones y el daño y sufrimiento están, no los vamos a barrer bajo la alfombra. Pero no podemos olvidarnos que frente a ese espejo con el cual debatimos, se refleja alguien. Ese alguien con quien crear un contexto generador de posibilidades (en sus relaciones intrapersonales e interpersonales), ese puerto donde vacías la mercancía, se reposta, se reparan los daños del viaje anterior y se vuelve a apresurar para volver a navegar.

Toca elegir. Toca elegir qué quiero y qué necesito para eso que quiero conseguir. No sería de extrañar que el orden de prioridades haya cambiado. Lo que antes era la base de la pirámide ha desaparecido, lo que estaba en la punta ha bajado unos escalones… Bueno, una actualización. No será la primera ni la última.

Porque después de todo este revuelto seguiremos expectantes a lo que vendrá, con un espejo de aliado. Y ahora no lo cambio, sigo reflejándome en esta frase: ten cuidado con lo que deseas que igual se cumple. ¿Y tú?

+ LEER HISTORIAS

“Este confinamiento me ha hecho ver tanto desde casa como trabajando en el super que el mundo no para ni por mantenernos en casa 40 días ni por una pandemia ni por nada. El tiempo sigue y no espera. Creo que muchos y muchas han acabado amando al tiempo y odiándolo al mismo tiempo, por tenerlo. Yo que he estado trabajando, me ha faltado tiempo para aprovechar más el tiempo. Porque como he dicho, el tiempo no espera”.

– Trabajadora supermercado –

“Gracias, por el compartir ya que me he sentido identificada…Nos estamos enfrentando a nosotros mismos viviendo en muchos momentos pensamientos, sentimientos,…todo está resultando “nuevo”…Pero ayuda a entender que eso nuevo que está floreciendo y estamos reconociendo, vive en cada uno de nosotros y es una oportunidad de conocernos en mayor profundidad…y conocer lo externo…No es sencillo y requiere esfuerzo…”

– Andrea P. –

“Egoera gogorra bizitzen ari gara, inork imajina ezin zezakeena. Etxean sartuta egon gara, ateratzeko baimenik izan gabe, orain arte etxean geratzea norberaren erabakia zen bitartean. Kasu honetan ez dugu beste aukerarik izan. Bakoitzaren egoera ezberdina izan da, zorionez nik lan egiten jarraitu dut, baldintza ezberdinetan, hori bai, eta ordutegi murriztuan. Dena den, etxean igarotako denborak eta normalean egiten nuena egin ezin izateak nigan ondorio positiboak izan dituela esan dezaket; eta agian egoera honek bultzatuta izan ez balitz, ez nukeen nire errealitate eta neure buruari buruz egin dudan gogoeta egiteko aukera inoiz izango. Pentsatzeko denbora asko izan dugu, batzuentzat gehiegi agian, baina ez al genuen lehen askotan pentsatu gabe jokatzen?

Ohituraz edo egin behar zelako besterik ez. Nik neure burua hobeto ezagutu dut, argiago daukat orain zer nahi dudan eta zer ez, denbora pasatzeko bide berriak ikasi ditut, ohitura osasungarriagoak hartu ditut, neure burua gehiago maitatzen ikasi dut… Bestalde, lehen askatasunez egiten genuena baloratzen ikasi dut: besarkadak, lagun arteko barreak…Urruntasunak gerturatu gaitu.

Egun batetik bestera gure egoera alda daitekeela ikasi dugu eta, beraz, ezin dugula ezer ziurtatutzat eman. Horregatik, egoera honen alde positiboa ikusi behar dugu, maite ditugunen ongizatea eta nahi duguna egiteko libre izatea baloratuz”

– Maite –

“Egun ugari daramatzagu gure etxeetan preso. Ez ohiko egoera bat bizitzen ari gara. Zer pentsatuko genuke duela urtebete 40 egun baino gehiago etxean egon behar garela esango baligute? Inork ez luke sinetsiko.

Konfinamendu honek astoratu egin gaitu. Gure egunerokotasuna aldatu egin da goitik behera. Nork esango liguke etxetik irten gabe egongo ginela? Nork esango liguke lanera joan gabe egongo ginela? Nork esango liguke beldurtuta bizi beharko ginela?

Tamalez, 40 egunetik gora daramatzat etxean, lanik gabe. Agintariei ahoa betetzen zaie hezkuntzari buruz hitz egiten dutenean. Telelana omen da hezkuntza bermatzeko gakoa, ikasle guztiek izan behar omen dute etxean ikasketa prozesua jarraitzeko aukera. Hala eta guztiz ere, hemen gaude ordezkoak, etxean, lanik gabe. Egoera benetan tristea. 

Ez nuke aipatu gabe utzi nahi familia. Zorteduna sentitzen naiz familiarekin bizi naizelako, egunero maite ditudanak ondoan ditudalako eta beraiei esker maitatua eta babestua sentitzen naizelako. Ordu ugari igarotzen ditugu elkarrekin azken aldi honetan eta gure arteko harremanak asko sendotu direla esango nuke.

Hala ere, bikotekidearekin ezin egote hori benetan gogorra da. Batez ere elkarrekin egotera oso ohituta egonda. Pertsonok elkarrekin egotea behar dugu, elkar maitatzea, elkar laztantzea, elkar musukatzea… Eta egoera honek pantaiara mugatu du gure harremana.

Baina bada faltan botatzen ditudan lagunak ere. Benetan ohartu naiz zenbat maite ditudan eta zenbat behar ditudan. Zenbat maite ditudan beti ondoan egon diren lagun horiek. Zenbat maite ditudan nahiz eta duela ez hainbeste ezagutu,  hainbeste maite nauten lagun horiek. Egoera hauetan jabetzen gara benetan nor dagoen gure ondoan, nor den benetan gure bizitzaren parte, nortzuk diren beharrezkoak gure bizitzaren puzzlea osatzeko.

Iritsiko da hau dena bukatu eta elkar besarkatu gaitezkeen eguna.

Bitartean zaindu eta eutsi goiari! 

– Maitane, 25 urte –

“Antes de comenzar a escribir unas líneas sobre esta angustiosa crisis sanitaria que estamos viviendo tanto a nivel profesional como personal, me voy a presentar. Mi nombre es Marta, tengo 28 años y soy educadora social. En estos momentos me encuentro trabajando en una residencia de personas mayores, llevo en ella concretamente 6 años. Ahora bien, me gustaría hablar sobre mi experiencia personal con el brote de COVID-19 en mi ámbito profesional.

De pronto todo cambia. Cambia el concepto comunitario de la residencia y se convierte en un minihospital y empiezan días infernales donde sólo piensas en cuántos aislados habrá y sus cuidados para afrontar el día sin demasiado personal. Cuántas muertes habrá, si conseguiremos salir adelante.

Pero no sólo esto. Hay que recordar la situación que hay tras los aislamientos en las residencia. Ves personas tristes porque no pueden recibir visitas y no tienen esos móviles de última generación para hacer videollamadas. Ves el miedo que tienen, y entonces le pones la mano en la espalda -siempre con guantes-, le sonríes tras la mascarilla y piensas: otro día de mierda que ha merecido la pena.

Como sabemos ha afectado especialmente a las residencias de ancianos. En mi residencia hasta día de hoy no ha habido ningún caso positivo, tanto en residentes como en las profesionales que trabajamos en ella, pero ¿cómo he llevado el día a día desde que empezó el brote hasta día de hoy? La primera palabra que me sale para definir de manera vulgar tan situación es MIEDO. Todos los días al acostarme, me voy con una sensación de angustia, responsabilidad que yo no conocía hasta el momento y que no puedo controlar, ya que no es una responsabilidad de desempeño de tu trabajo, sino una responsabilidad diferente.

Tengo días en los cuales no quiero salir a la calle porque tengo miedo a interaccionar con personas porque me siento con esa responsabilidad de la que hablo, de luego ir a la residencia y estar en contacto con los y las mayores.

Una de las actividades, por llamarlo de alguna manera, son las videollamadas diarias con los familiares. Me encuentro todos los días con familiares que te dicen; “sois heroína”, “sois pura magia”, “por favor seguir así y tener cuidado” “no salgáis mucho que luego estáis ahí”. En el momento dices, piensas, “que bien, cómo reconocen el trabajo que estoy/estamos realizando, pero a nivel psicológico, ¿Qué consecuencias tiene? Soy persona como el resto, y sé cuál es mi profesión y  donde estoy. Pero; ¿y si me contagio?, ¿es mi culpa? ¿he hecho algo mal? ¿cómo controlo lo que hago en cada momento fuera de mi puesto de trabajo?

Son muchos los interrogantes que me hago, y mucho miedo con el que convivir día a día. Estoy viviendo unos días horribles, bajo presión y con muchos sentimientos encontrados. No recuerdo el principio del brote en la residencia, lo tengo borroso, es como una película en la que de pronto nos encontramos aquí. Sin pensarlo, como todos, me encontré metida en todo el mogollón.

Mi vida es esto, estudié educación social por vocación y me encanta ayudar a las personas. Sé que la parte fea es esta y nadie pensábamos que iba a pasar algo así, pero nuestra labor está al lado de los residentes y los familiares. Hay mucho compañerismo, se ha roto la barrera de quién es quién; al final todos estamos en la misma batalla. Yo entro a la residencia y me pongo a desempeñar mi labor y si ya estoy vestida y la de la limpieza tenía que entrar para sacar las basuras, pues para que se va a exponer otra persona, lo hago yo.

Si no nos ayudamos entre nosotros, quién nos va a ayudar. Cuando no corres el riesgo normalmente la gente se despreocupa, ahora estamos aumentando la empatía entre todos.

Estamos todas las trabajadoras en el mismo barco.

En definitiva, reconozco que lo más duro de estos días está siendo el estrés, el volumen de trabajo y la carga asistencial. No podemos abrazarnos ni tocarnos, pero a través de las mascarillas, solamente con una mirada ya les estás dando un beso y un abrazo. Están siendo unos días incomprensibles, difíciles de asimilar y con las emociones desbordadas. Para mí lo más difícil es el miedo. Miedo a no saber qué va a pasar. Cada día es un mundo nuevo, mejor o peor que el anterior.

– Marta –

* Quiero agradecer a cada una de las personas que habéis aportado y que habéis compartido parte de vuestra intimidad.

“Una flor no es una flor hasta que alguien perciba su aroma, se asombre por la suavidad de sus hojas… o sin esa abeja que con tan solo posarse queda impregnada del polen”